CAMINEN CON CUIDADO QUE SE DESPIERTA EL GIGANTE!!

Una vez más, los venezolanos nos encontramos en una contienda electoral, espacio donde no se negocian las diferencias, sino que se imponen las opiniones, imposición que se logra por la vía del voto y no en el ejercicio del convencimiento, reconociendo acto de votar como la salida final a la imposibilidad de llegar a un acuerdo, este magnífico mecanismo racional en el cual no es importante la opinión de los muchos sino cuantos “muchos” opinan de igual forma. Siendo por añadidura la fuerza de las mayorías, para el sometimiento de los “menos”.


En Venezuela las características particulares de los contendores, va anclado al sometimiento ideológico, económico y social de los perdedores, los cuales se obligan a aceptar los límites y las instituciones que imponga la ideología dominante; limitaciones que no son recibidas ni asimiladas con agrado sino por sumisión a la norma aceptando la derrota desde la racionalidad y no desde la emotividad.

El asunto está en que durante más de diez años, como estrategia política hemos usado y promovido, la polarización, la descalificación, el desprecio, la burla y el aislamiento fragmentario de  los unos y los otros; fragmentación que se esparce y se manifiesta en la incredulidad en las instituciones, provocando cada vez más el desplazamiento social de formas de organización moderna institucionalizada a una sociedad tribal, dividida que se provee, de elementos para sobrevivir eliminando a la otra, siendo su extinción la única salida.
Para el Psiquiatra Carl Gustav Jung, a propósito de las manifestaciones de la personalidad y las interacciones con el otro, plantea que en nosotros existe una máscara con la cual nos mostramos adaptativamente al mundo (persona) y una sombra que le acompaña, y le complementa hecha de aquello que debemos reprimir en el inconsciente, siendo la una medida de la magnitud de la otra. Tal vez allí encontramos la explicación de nuestra destructiva actuación en el “Caracazo”, el 11 de Abril y las manifestaciones violentas en el desastre de Vargas o en las inundaciones de Guasdualito; estas actuaciones parecen verificar la hipótesis de  que nuestra pasividad, elocuencia y acostumbrado sentido del humor; esconden la posibilidad de destruir, odiar, agredir e inocular dolor, en grados inimaginables; no olvidemos que fuimos promotores del decreto de guerra a muerte a los Españoles  y Canarios y terminamos matando españoles hasta lo que hoy es Bolivia.
Esta capacidad de destrucción nos pertenece como nos pertenece la capacidad de amar y ayudar a otros, ser solidarios con otros pueblos y paternales con nuestra gente, es esta diversidad complementaria de lo humano lo que nos compone y nos promueve.

Estamos en una trampa construida de emociones: pasión, temor y odio a la horda, a la represión, al miedo, a la barbarie, al fascismo, al capitalismo salvaje, al socialismo populista, la meritocracia excluyente, a la inclusión sin calidad y en definitiva al gobierno del otro; es por eso que hoy día estamos en el momento más polarizado de la historia de Venezuela, en el momento más tenso.

Desde la psicología sabemos que el síntoma es la expresión del conflicto, que no podemos vivir eternamente en malestar, que de ser así, nos enfermamos porque se manifiesta el síntoma, esto nos permite advertir cuidado se despierta el gigante violento y destructor, ese ciclope que duerme en nuestras almas, aquel que ya apareció siendo hijo de la desigualdad y la desesperanza, su despertar debe ser causa de preocupación de nuestros dirigentes, a los que pedimos claridad, acuerdo y el sometimiento de los egos en beneficio de la paz y la convivencia pacífica.


Lic. Sergio Yépez Santiago
Psicólogo
Profesor de la Catedra Cultura, Sociedad e Individuo
Escuela de Psicología
Universidad Católica Andrés Bello 
Nicolas Maduro y Henrique Capriles. AFP

Comentarios

Entradas populares de este blog

Aproximación al concepto y la significación de la crisis en el personal de primera alarma (Policias, Bomberos, Protección Civil, Socorristas)